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dic

7

Les dejo un nuevo micro cuento.

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Cuando el grito, proveniente del primer piso, rompió el silencio, ya estaba preparada. Una provocación de aquel ser que deambulaba todos los días en las sombras ya no la sorprendía. Esta vez no estaba dispuesta a ceder al desafío.
Cuando todo lo que se podía escuchar en aquel  barrio silencioso eran los gritos provenientes desde el primer piso de su casa, ella ya tenía el teléfono en su mano.
Al momento de escuchar los pasos subir las escaleras sintió la voz al otro lado del teléfono que contestaba:
“Unidad de violencia intrafamiliar, buenas tardes ¿En qué puedo ayudarle?…”



Comparto este cuento que escribí hace 3 años casi exactos. Espero que les guste.
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Llego cargada de cosas como siempre. Saludo a la secretaria y como todas las mañanas pongo mi cartera encima de su escritorio para buscar las llaves de mi oficina. Siempre las dejo en el mismo lugar pero nunca, nunca, es fácil de encontrarlas. Es como si se resistieran a mí. Abro la puerta y el frío me golpea.
-“Si Clau, toda la razón, podría colgar un pedazo de carne y duraría meses aquí”- Pienso evocando lo que mi amiga me dijo después de sufrir en carne propia mi oficina. Read the rest of this entry »



jun

5

Iba ensimismada en mi tristeza mirando por la ventana cuando se sentó frente a mí.
No sé porque, pero algo en su presencia me hizo mirarlo.
Él iba ensimismado también. Su rostro reflejaba tristeza, sus ojos iban fijos en sus manos entrelazadas sobre sus piernas. Un mechón de pelo tapaba la mitad de su cara.
Un sentimiento de compasión me invadió. Tuve el impulso de tomarle las manos y decirle “te entiendo”.
Cuando se bajo, lo hizo sin haberme mirado ni una sola vez, pero yo no pude evitar seguir mirándolo hasta que se perdió entre la gente.



Miraba desde las alturas en movimiento las luces que esa tarde primaveral iluminaban los cerros de la cuidad.

Hace un par de años había hecho ese mismo recorrido mirando el mismo paisaje en movimiento, con la mente puesta en empezar de nuevo, dejarlo todo, recorrer nuevos senderos.

Por un momento aquella vez cruzo por su mente “no podría dejar mi cuidad”, aunque la decisión de ese sueño estaba tomada.

Al mirar nuevamente el mismo escenario, recordó aquel momento y se dijo:

“En realidad, no podría dejar mi cuidad”.



El tiempo había cambiado drásticamente en un instante. El frio viento le llego de lleno a la cara. Aun así decidió sentarse en aquel banco. Esperaba que él llamara. Dos meses no pasan en vano así que se decía que sería lo que tenía que ser.

Cuando por fin llamo él estaba cerca. No lo supo hasta mucho después, pero él había dejado de lado todo por pasar un par de horas con ella.

Cuando se sentaron frente a un par de cafés, ella se dio cuenta que dos meses no eran nada para esa conexión que ambos tenían.



may

15

Este es un micro-cuento que escribí hace dos años y que es el primero del ciclo de republicaciones que haré. Espero que les guste.

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callejeroCada tarde ella salia a comprar el pan a la esquina y lo veía: delgado hasta los huesos, con el olfato atento en la búsqueda de comida y la expresion del que ha sido abandonado.

Cada vez que ella pasaba se veía rogándole mentalmente que subiera a la vereda esperando que no lo atropellaran. Cinco perros no le permitían a su economía llevarlo a casa.

Aquella tarde cuando salio vio el pequeño bulto café: Su olfato ya no existía y su expresión era la del que por fin encuentra un lugar calido a donde ir.