

jun
5
Iba ensimismada en mi tristeza mirando por la ventana cuando se sentó frente a mí.
No sé porque, pero algo en su presencia me hizo mirarlo.
Él iba ensimismado también. Su rostro reflejaba tristeza, sus ojos iban fijos en sus manos entrelazadas sobre sus piernas. Un mechón de pelo tapaba la mitad de su cara.
Un sentimiento de compasión me invadió. Tuve el impulso de tomarle las manos y decirle “te entiendo”.
Cuando se bajo, lo hizo sin haberme mirado ni una sola vez, pero yo no pude evitar seguir mirándolo hasta que se perdió entre la gente.
may
19
Sentía el frio intenso en sus entrañas. Sabía que los errores que había cometido no los podría reparar nunca más.
Miraba los rieles sin sentir la bulla de la atestada ciudad. De repente un hola desconocido la saco de su ensimismamiento. Cuando miro un extraño le regalaba una mirada generosa y preocupada junto a una sonrisa amiga.
No sabría, hasta mucho después, que ese hola y el consiguiente café que le regalaría ese desconocido le salvarían la vida.
may
18
Miraba desde las alturas en movimiento las luces que esa tarde primaveral iluminaban los cerros de la cuidad.
Hace un par de años había hecho ese mismo recorrido mirando el mismo paisaje en movimiento, con la mente puesta en empezar de nuevo, dejarlo todo, recorrer nuevos senderos.
Por un momento aquella vez cruzo por su mente “no podría dejar mi cuidad”, aunque la decisión de ese sueño estaba tomada.
Al mirar nuevamente el mismo escenario, recordó aquel momento y se dijo:
“En realidad, no podría dejar mi cuidad”.
may
17
El tiempo había cambiado drásticamente en un instante. El frio viento le llego de lleno a la cara. Aun así decidió sentarse en aquel banco. Esperaba que él llamara. Dos meses no pasan en vano así que se decía que sería lo que tenía que ser.
Cuando por fin llamo él estaba cerca. No lo supo hasta mucho después, pero él había dejado de lado todo por pasar un par de horas con ella.
Cuando se sentaron frente a un par de cafés, ella se dio cuenta que dos meses no eran nada para esa conexión que ambos tenían.
may
15
Este es un micro-cuento que escribí hace dos años y que es el primero del ciclo de republicaciones que haré. Espero que les guste.
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Cada tarde ella salia a comprar el pan a la esquina y lo veía: delgado hasta los huesos, con el olfato atento en la búsqueda de comida y la expresion del que ha sido abandonado.
Cada vez que ella pasaba se veía rogándole mentalmente que subiera a la vereda esperando que no lo atropellaran. Cinco perros no le permitían a su economía llevarlo a casa.
Aquella tarde cuando salio vio el pequeño bulto café: Su olfato ya no existía y su expresión era la del que por fin encuentra un lugar calido a donde ir.


